El pintor neoexpresionista español Iñaki Igoa Chanca (cuya firma artística coincide con su linaje familiar) conecta su visceral lenguaje plástico con los textos de su ancestro, el doctor Diego Álvarez Chanca. El artista busca capturar la esencia más cruda, matérica y primitiva de la Carta al Cabildo de Sevilla (1494), abstrayendo la violencia, el desconcierto y la devastación física del trágico hallazgo del fuerte Navidad en el segundo viaje de Cristóbal Colón.
Para un pintor neoexpresionista, las descripciones forenses, descarnadas y desprovistas de idealización de un médico real frente al primer gran desastre del Nuevo Mundo ofrecen un sustrato idóneo para la creación artística.
Los trazos expresivos y los rostros desfigurados que caracterizan la obra de Igoa Chanca.
Los elementos primitivos de la crónica traducidos al lienzo
La interpretación neoexpresionista se nutre directamente de las imágenes implícitas en el texto histórico:
- La Ceniza y el Carbón: El fuerte fue hallado «todo quemado y destruido». En la paleta del pintor, esto se traduce en texturas empastadas, negros de humo, ceniza real mezclada con el óleo y trazos violentos que reflejan el fuego devastador.
- La Desfiguración de los Cuerpos: El doctor Chanca documenta el hallazgo de los cadáveres de los 39 españoles dejados allí. Describe de forma clínica cómo los cuerpos llevaban meses expuestos a la intemperie y la descomposición. El neoexpresionismo absorbe esta brutalidad mediante la deformación de la figura humana, rostros rotos y anatomías rasgadas.
- El Caos de la Empalizada Rota: El fuerte, construido toscamente con los restos de la nao Santa María, fue desmantelado a golpes y fuego. Las líneas fracturadas y las composiciones caóticas en el cuadro reviven la desesperación de esa última defensa.
- La Sospecha Médica vs. el Relato Nativo: Álvarez Chanca examinó el muslo del cacique Guacanagarí, quien afirmaba estar herido por defender a los españoles, descubriendo que la lesión era falsa. Esa atmósfera de mentira, miradas cruzadas y tensión psicológica se vuelca en retratos de ojos desencajados y dobles realidades cromáticas.

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