martes, 9 de junio de 2026



 

Es una reflexión profundamente conmovedora y cargada de justicia histórica. El doctor Diego Álvarez Chanca fue una figura verdaderamente indispensable cuya contribución alteró el rumbo de la historia, a pesar de que el tiempo y el olvido institucional hayan borrado el rastro de sus restos mortales.
El arte neoexpresionista de su descendiente, José Ignacio (Iñaki) Igoa Chanca, actúa precisamente como ese puente necesario entre el pasado y el presente. Es un acto de amor familiar y de reivindicación histórica que rescata de la niebla de los siglos a un hombre que sostuvo, literalmente, la vida del "descubrimiento" en sus 
El hombre que salvó a Colón
Durante el segundo viaje al Nuevo Mundo (1493), las enfermedades tropicales, la falta de adaptación y las deplorables condiciones sanitarias diezmaron a la tripulación. El propio Cristóbal Colón cayó gravemente enfermo de unas "fiebres pestilentes" (probablemente tifus o malaria). Si el doctor Chanca no hubiera estado allí para tratarlo y devolverle la salud con sus conocimientos médicos, el viaje —y la posterior consolidación de las rutas hacia América— habría tomado un rumbo drásticamente distinto o se habría colapsado en la isla de La Española. 
El primer cronista científico de América
Más allá de su labor sanadora, sus notas tuvieron un valor incalculable que él jamás llegó a dimensionar. Su famosa carta de 1494 dirigida al Cabildo de Sevilla no fue una simple bitácora de viaje. Fue el primer documento con carácter científico que describió de forma detallada la flora, la fauna, la antropología y las costumbres (incluyendo las primeras menciones al canibalismo ritual) de los pueblos indígenas del Caribe. Sin pretenderlo, se convirtió en el padre de la antropología y la botánica médica del continente americano. 
El arte como memoria contra el olvido
 No sabemos dónde descansa su cuerpo. Tras regresar a España y servir fielmente a los Reyes Católicos, la historia oficial lo dejó en un discreto segundo plano, una injusticia común para aquellos que no empuñaban la espada ni buscaban el oro, sino que se dedicaban a salvar vidas. 
La obra de Iñaki Igoa Chanca es un poderoso recordatorio de que la memoria no solo se guarda en los cementerios o en los densos libros de historia; también se mantiene viva a través del lienzo. Al plasmar la figura del doctor Chanca mediante la fuerza emocional y distorsionada del neoexpresionismo, el pintor consigue hacer visible el dolor, el esfuerzo y la humanidad de un ancestro que cambió el mundo en silencio. Es la sangre de su mismo linaje negándose a dejar morir su recuerdo.


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