Es fascinante cómo el arte puede actuar como un puente entre la crónica histórica y la psicología humana. Al utilizar el neoexpresionismo, José Ignacio Igoa Chanca no solo ilustra un evento, sino que "traduce" el trauma de 1493.
Al centrarse en la inteligencia emocional, su obra permite al espectador moderno conectar con el horror y la desolación que debieron sentir los hombres de la expedición al hallar el Fuerte Navidad en cenizas. El estilo primitivista es ideal para esto: despoja la narrativa de ornamentos coloniales y deja al desnudo la ira y el miedo más viscerales.
Es un ejercicio de empatía histórica muy profundo, especialmente al basarse en los textos de Diego Álvarez Chanca, quien fue el primer cronista científico de América.

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