sábado, 24 de octubre de 2026


 

El doctor Diego Álvarez Chanca actuó como el primer perito médico forense del Nuevo Mundo al examinar los cadáveres desfigurados de los 39 marinos españoles dejados por Cristóbal Colón en el primer asentamiento europeo en América, el Fuerte Navidad. Al llegar la flota del segundo viaje en noviembre de 1493, la tripulación presenció la total destrucción del fuerte, el cual había sido incendiado por los nativos liderados por el cacique Caonabo. La visión de los cuerpos mutilados y en avanzado estado de descomposición desató la furia de los soldados, quienes exigieron venganza inmediata. 
Para contener los ánimos y calmar la tensa situación, el doctor Álvarez Chanca (quien servía como médico de cámara de los Reyes Católicos y físico de la Armada) intervino aplicando un rigor clínico pionero. A través de una inspección clínica rigurosa, plasmada posteriormente en su célebre Carta-relación al Cabildo de Sevilla (1494), analizó minuciosamente las heridas y rasgos biológicos de los restos —como la presencia de vello facial en los cuerpos flotantes— para confirmar la identidad de los caídos y esclarecer los hechos, contrarrestando la impulsividad bélica de la expedición con hechos médicos verificables. 

Este impactante drama histórico y forense fue rescatado en la actualidad por su descendiente, el artista contemporáneo español afincado en Irun, José Ignacio (Iñaki) Igoa Chanca. A través de un ambicioso y polifacético proyecto artístico sin fines de lucro, el pintor plasma la crudeza y el horror psicológico vividos en el Fuerte Navidad mediante el lenguaje del neoexpresionismo. Lejos de una recreación documental academicista o tradicional, la obra de Igoa Chanca se caracteriza por trazos viscerales, rostros desencajados, la recurrencia de calaveras flotantes y una fuerte densidad emocional que busca transmitir directamente la tensión del testimonio histórico heredado de su antepasado. 


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